Valora este momento en el que puedes jugar
Recuerdo perfectamente el silencio de aquella sesión. Él estaba sentado frente a mí, con la pierna todavía resentida y una mezcla de rabia y tristeza en la mirada. Tiene 13 años. Es talentoso. Muy talentoso. Su objetivo esta temporada era claro: ser el goleador del equipo. Y más allá, convertirse algún día en futbolista profesional.
Pero el fútbol, como la vida, tiene capítulos que no se entrenan. Y este era el primero de ellos: su primera lesión “importante”.
En principio sería un mes. Después fueron tres. Tres meses fuera del campo. Tres meses viendo jugar a sus compañeros desde casa. Tres meses sintiendo que el sueño de la temporada se desvanecía.
Como Coach Mental, sabía que no estábamos trabajando solo una recuperación física. Estábamos acompañando un proceso de duelo.
Cuando el sueño se interrumpe
Para un chico de 13 años, tres meses pueden parecer una eternidad.
En su cabeza, cada partido sin jugar era una oportunidad perdida. Cada gol de otro compañero, un recordatorio de lo que él quería estar haciendo.
Trabajamos la tristeza. La ira. Y, sobre todo, la frustración.
La frustración aparecía con fuerza cuando veía los partidos del equipo.
“Podría estar ahí”, decía.
Y esa frase pesaba más que cualquier diagnóstico médico.
En coaching mental entendemos que una lesión no es solo una pausa física. Es un impacto directo en la identidad del deportista.
Cuando el jugador no puede jugar, puede empezar a preguntarse quién es sin el balón.
Y ahí es donde el trabajo interno se vuelve esencial.
La pregunta que lo cambió todo
En nuestra última sesión quise cambiar el enfoque. No negar lo que sentía. No minimizarlo. Pero sí reencuadrarlo.
Le hice una pregunta sencilla:
—“Si la lesión te estuviese enseñando algo, ¿qué sería eso que está intentando enseñarte?”
Se quedó pensando unos segundos.
Y respondió con una claridad que me dejó sorprendido:
—“Valorar los momentos en los que puedes jugar”.
Tiene 13 años.
Pero esa respuesta fue de una madurez poco común.
Valorar lo que antes daba por sentado.
Valorar cada entrenamiento.
Valorar cada minuto en el campo.
Entonces le pregunté algo más, recordando lo que habíamos trabajado el año anterior, cuando estaba en un equipo donde apenas jugaba 10 o 15 minutos por partido.
—“¿Qué darías ahora por jugar 10 o 15 minutos?”
Su respuesta fue inmediata:
—“TODO”.
Ahí estaba el aprendizaje.
—“¿Qué darías ahora por jugar 10 o 15 minutos?”
Su respuesta fue inmediata:
—“TODO”.
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Cuando la perspectiva cambia, cambia la experiencia
Hace un año, esos 10 o 15 minutos eran motivo de frustración.
Hoy serían un regalo.
La lesión no cambió su talento.
No cambió su sueño.
Cambió su perspectiva.
Y eso, en términos de motivación deportiva, es oro puro.
Porque muchos deportistas jóvenes creen que la motivación es solo emoción intensa. Pero en realidad, la motivación más fuerte nace del significado.
Y cuando un jugador aprende a valorar cada minuto en el campo, su energía cambia.
Como Coach Deportivo, le dije algo muy claro:
“No deseo que te vuelvas a lesionar nunca más. Pero si esta lesión te ha servido para aprender a valorar cada minuto con la pelota, entonces no ha sido solo un obstáculo. Ha sido una lección”.
No romantizamos la lesión. No la idealizamos.
Pero sí la resignificamos.
… si esta lesión te ha servido para aprender a valorar cada minuto con la pelota, entonces no ha sido solo un obstáculo. Ha sido una lección”.
El proceso de duelo también es entrenamiento
Lo que hemos trabajado durante estas semanas no ha sido “pensar positivo”.
Ha sido permitir sentir.
Tristeza sin culpa.
Rabia sin explosión.
Frustración sin quedarse atrapado.
El coaching mental no elimina emociones incómodas. Enseña a transitarlas.
Este chico ha aprendido algo que muchos profesionales tardan años en integrar:
el rendimiento no depende solo del estado físico, sino de la capacidad de gestionar lo que ocurre cuando las cosas no salen como esperabas.
Ver jugar a sus compañeros duele.
Pero ahora ese dolor tiene un sentido. No es solo ausencia. Es preparación.
El aviso en la pared
Al final de la sesión le pedí algo especial.
Le pedí que escribiera un mensaje para su “yo” del futuro.
Para ese que volverá al campo en dos meses.
Un aviso. Un recordatorio.
Algo que no quería olvidar cuando todo volviera a la normalidad.
Lo escribió y lo pegó en la pared de su habitación.
Eso es conciencia.
Eso es madurez.
Eso es crecimiento real.
Para ti, que estás leyendo esto
Si eres deportista y estás lesionado, quiero que sepas algo:
no estás perdiendo el tiempo.
Estás entrenando algo que no se ve.
Paciencia.
Perspectiva.
Fortaleza emocional.
He visto a jugadores volver más fuertes después de una lesión no por la rehabilitación física, sino por el aprendizaje interno.
El campo seguirá ahí.
Los minutos volverán.
La pelota te esperará.
La pregunta es:
¿volverás siendo el mismo… o volverás con una conciencia distinta?
La bendición que nadie desea
Nadie desea una lesión.
Nadie la celebra.
Pero a veces, en medio de lo que parece una tragedia, aparece un aprendizaje que cambia el rumbo.
Este chico no ha perdido su sueño de ser goleador.
No ha renunciado a ser futbolista profesional.
Lo que ha ganado es algo más profundo:
la capacidad de valorar cada minuto que pisa el campo.
Y eso, créeme, marca diferencias enormes cuando el talento se encuentra con la oportunidad.
Cuando vuelva a jugar (porque volverá) ya no será el mismo que antes.
Será un jugador que entiende lo que significa estar.
Que sabe lo que cuesta no estar.
Y que ha aprendido que incluso en la pausa, también se crece.
A veces el fútbol te quita el balón por un tiempo.
Pero si sabes mirar hacia dentro, te devuelve algo más grande:
la conciencia de que cada minuto jugando es un privilegio.
Y cuando juegas desde ese lugar,
no solo compites mejor.
Vives el juego de verdad.
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Si eres deportista y estás lesionado, quiero que sepas algo:
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Estás entrenando algo que no se ve.
Paciencia.
Perspectiva.
Fortaleza emocional.