Cuando tu nombre no aparece en la lista
Hay pocas cosas más difíciles para un futbolista que entrenar toda la semana y no ver su nombre en la convocatoria. O calentar durante noventa minutos y no entrar. O mirar el reloj desde el banquillo mientras el partido sigue sin ti.
En esos momentos la cabeza va rápido. Aparecen preguntas como "¿qué estoy haciendo mal?", "¿cuánto más tengo que esperar?" o "¿y si esto no cambia nunca?". Y casi siempre aparece también un consejo bienintencionado: "ten paciencia".
El problema es que casi nadie explica qué significa realmente tener paciencia. Muchos la entienden como quedarse quieto y aguantar. A continuación quiero proponerte otra lectura: la paciencia como una forma de entrenar, de pensar y de cuidarte mientras tu momento llega.
Para llegar ahí vamos a recorrer cuatro ideas: lo que esconde la palabra, lo que enseñaban los estoicos, una mirada de la tradición judía que entiende la paciencia como abundancia, y una definición propia que nace del trabajo diario con deportistas. Entre una idea y otra encontrarás una pregunta. No la saltes: es la parte del artículo que te toca escribir a ti.
Lo que esconde la palabra
Paciencia viene del latín patientia, que nace del verbo pati: padecer, soportar, aguantar. En su origen, ser paciente era literalmente ser capaz de sufrir algo. Por eso en el hospital al enfermo se le llama "paciente": es quien padece.
Pero hay un matiz que casi nadie conoce. El adjetivo latino patiens no solo describía a quien aguanta. También significaba firme, duro, inflexible. Los romanos lo usaban incluso para hablar de ríos navegables, ríos capaces de sostener el peso de los barcos sin desbordarse.
Y hay algo más. De la misma raíz pati salió passio, que en español nos dejó la palabra pasión. Paciencia y pasión son hermanas de sangre. Las dos hablan de algo que se siente con intensidad y que se lleva por dentro.
Para un futbolista esto cambia la perspectiva. La pasión es lo que te hace amar este deporte. La paciencia es lo que te permite seguir amándolo cuando duele. No son opuestas: una sostiene a la otra, como el río sostiene al barco.
Jamie Vardy: padecer por lo que amas
A los 16 años, el Sheffield Wednesday, el club de su ciudad, lo dejó libre. Vardy terminó jugando en el Stocksbridge Park Steels, en la séptima categoría del fútbol inglés, cobrando unas 30 libras por semana mientras trabajaba en una fábrica de férulas médicas.
No dejó de jugar. El presidente de aquel club modesto lo recuerda como el primero en llegar a entrenar y el último en irse. Pasó por el Halifax Town y el Fleetwood Town, y en 2012, con 25 años, fichó por el Leicester City.
Cuatro años después fue campeón de la Premier League con un equipo al que las casas de apuestas daban 5.000 a 1. Esa temporada marcó en once partidos seguidos, un récord del campeonato. Detrás de esa historia hay años de padecer por amor al fútbol: pasión y paciencia, juntas.
Para pensar
¿Qué estás padeciendo hoy por amor a este deporte? ¿Y qué te dice eso sobre cuánto te importa?
Lo que depende de ti (y lo que no)
El estoicismo nació en Grecia hace más de dos mil años y vivió su mejor época en Roma. Sus tres grandes nombres no podrían ser más distintos: Séneca, consejero de un emperador; Epicteto, un esclavo que llegó a ser maestro; y Marco Aurelio, emperador. Los tres compartían una idea: no siempre elegimos lo que nos pasa, pero sí cómo respondemos.
Epicteto lo resumió en lo que hoy se conoce como la dicotomía del control. Hay cosas que dependen de nosotros, como nuestros juicios, nuestras decisiones y nuestras acciones. Y hay cosas que no, como lo que otros piensan o deciden sobre nosotros. El sufrimiento crece cuando ponemos toda nuestra energía en lo segundo.
Llevado al vestuario: la alineación no depende de ti. Cómo entrenas el martes, sí. La decisión del entrenador no depende de ti. Lo que haces con esa decisión, sí.
Tu energía va a lo que depende de ti
Depende de ti
- Cómo entrenas cada día
- Tu descanso y tu alimentación
- Lo que estudias desde el banquillo
- Tu actitud con el grupo
- Cómo te hablas a ti mismo
No depende de ti
- La convocatoria
- Los minutos que te dan
- La decisión del entrenador
- Lo que dicen la prensa y las redes
- El día exacto en que llega tu oportunidad
La dicotomía del control de Epicteto, llevada al vestuario
El mismo Epicteto tenía una imagen muy clara sobre los tiempos. Decía, más o menos, que nada grande nace de repente, ni siquiera un racimo de uvas o un higo. Si alguien quiere un higo, primero tiene que dejar que el árbol florezca, luego que dé fruto y después que el fruto madure. Ningún jugador ha conseguido que una higuera vaya más rápido gritándole.
Marco Aurelio fue todavía más lejos. En sus Meditaciones escribió que lo que impide la acción termina haciéndola avanzar, y que lo que se interpone en el camino se convierte en el camino. Para un estoico, el banquillo no es un muro: es una parte del recorrido.
Ole Gunnar Solskjær: el banquillo como sala de estudio
En 1998, Solskjær tuvo una oferta para irse del Manchester United al Tottenham, donde habría jugado más. La rechazó y se quedó, sabiendo que en muchos partidos empezaría como suplente.
No controlaba si jugaba de inicio. Controlaba cómo miraba los partidos. Mientras otros suplentes miraban el reloj, él estudiaba a los defensas y a los laterales rivales, buscando qué hacían mal y por dónde podría hacer daño al entrar. Su entrenador, Alex Ferguson, contaba que tomaba notas en los partidos y en los entrenamientos.
Marcó 28 goles saliendo desde el banquillo con el United. El más famoso llegó el 26 de mayo de 1999, en la final de la Champions en el Camp Nou: con el Bayern ganando hasta el descuento, entró como suplente y marcó el gol que dio la copa a su equipo en el tiempo añadido. No fue suerte: fue un hombre que llevaba años preparándose para ese minuto.
Para pensar
Si esta semana te toca ver el partido desde fuera, ¿qué podrías estudiar para ser más "peligroso" el día que entres?
La paciencia como acto de abundancia
En hebreo, paciencia se dice savlanut. Comparte raíz con sevel, que significa sufrimiento, y con sabal, la palabra para el cargador o porteador, la persona que lleva un peso sobre los hombros. Para esta tradición, ser paciente es cargar con algo pesado sin romperse por dentro.
Hasta aquí se parece mucho al latín. Pero la tradición judía aporta una pregunta muy interesante: ¿de dónde nace la impaciencia?
El rabino Berel Wein lo explica así. En la Torá, Dios se describe como paciente, capaz de esperar generaciones para que algo bueno florezca. Puede permitirse esa paciencia porque es infinito. Los seres humanos, en cambio, sabemos que el reloj corre, y esa conciencia de tiempo limitado nos vuelve impacientes y nos hace exigir resultados inmediatos.
Dicho de otra manera: la impaciencia nace de la sensación de escasez. Escasez de tiempo, de oportunidades, de sitio. Es la voz que dice "si no es ahora, no será nunca", "este puesto es el último", "ya se me pasó el tren".
Alan Morinis, uno de los grandes divulgadores del Musar, la tradición ética judía, añade una pieza más: la raíz de la impaciencia es la creencia equivocada de que somos los dueños absolutos de nuestro destino. Cuando creemos que todo depende de nosotros y que todo tiene que pasar ya, cualquier espera se vive como una pérdida.
La paciencia, entonces, es un acto de abundancia. Es elegir creer que hay más tiempo, más partidos y más caminos de los que la frustración del momento te deja ver. No es ingenuidad: es negarse a tomar decisiones desde el miedo a que no haya suficiente.
La misma situación, dos voces distintas
| Voz de escasez | Voz de abundancia |
|---|---|
| Si no es ahora, no será nunca | Hay más partidos que este |
| Este puesto es el último | Puede llegar por otro camino |
| Tengo que demostrarlo todo hoy | Construyo semana a semana |
| Decido desde el miedo | Decido desde la confianza |
La impaciencia habla desde la escasez; la paciencia, desde la abundancia
La Biblia hebrea tiene una imagen preciosa sobre esto. Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, y el texto dice que esos años le parecieron unos pocos días, por el amor que le tenía. Cuando estás lleno de algo, cuando amas lo que haces, el tiempo de espera se vive de otra manera.
Joselu: la carrera que parecía terminar
Joselu jugó en el Celta, el Hoffenheim, el Eintracht de Frankfurt, el Hannover, el Stoke City, el Deportivo, el Newcastle, el Alavés y el Espanyol. En la temporada 2022 a 2023, con 33 años, descendió con el Espanyol. Cualquier voz de escasez le habría dicho que su gran oportunidad ya había pasado.
Un año antes había ido a ver la final de la Champions de París como aficionado del Real Madrid, junto a su padre. En 2023 el Madrid lo incorporó como cedido. Y el 8 de mayo de 2024, en la vuelta de semifinales contra el Bayern, entró desde el banquillo con su equipo perdiendo 0 a 1 y marcó los dos goles que llevaron al Madrid a la final, ambos en los últimos minutos del partido.
Al terminar, dijo que en sus sueños no era tan bonito como lo que acababa de vivir. Y se acordó de su mujer y de sus hijos, a quienes señaló como los que más habían sufrido a lo largo de su carrera. Pocas historias muestran mejor que el fútbol suele tener más oportunidades de las que parece desde dentro de un mal momento.
Para pensar
Cuando piensas en tu situación actual, ¿te habla una voz de escasez ("no hay tiempo, no hay sitio para mí") o una voz de abundancia ("lo que me corresponde también puede llegar por otros caminos")?
Mi definición: la paciencia como respeto
Después de años acompañando a deportistas en momentos como el que quizá estás viviendo, he llegado a una definición propia: la paciencia es un acto de respeto a uno mismo y a los procesos que estamos transitando.
La palabra respeto viene del latín respicere, que significa volver a mirar. Respetar algo es mirarlo dos veces, con más atención y menos prisa. Y eso es justamente lo que la impaciencia no nos deja hacer.
Respetarte a ti mismo en un período sin minutos significa no castigarte. Significa no hablarte como hablarías a tu peor enemigo después de cada entrenamiento. Significa seguir cuidando el descanso, la alimentación y los hábitos aunque nadie te esté mirando, porque los haces para ti, no para la convocatoria.
Respetar el proceso significa aceptar que la adaptación a un club, la confianza de un entrenador y la madurez de un jugador tienen sus propios tiempos. La impaciencia, en el fondo, es una falta de respeto a esos tiempos: es querer saltarse etapas que no se pueden saltar.
El jugador impaciente suele faltarse el respeto de dos maneras. O se rinde antes de tiempo, o se fuerza tanto que se lesiona, se frustra o se precipita. El jugador paciente no hace menos: hace lo correcto, al ritmo correcto.
Luka Modrić: del peor fichaje al Balón de Oro
Modrić llegó al Real Madrid en agosto de 2012, procedente del Tottenham. Llegó casi sin pretemporada y al principio apenas tuvo protagonismo. A mitad de temporada, una encuesta del diario Marca entre sus lectores lo eligió como el peor fichaje de la Liga.
El seleccionador de Croacia de entonces, Igor Štimac, había avisado de que Modrić no estaría en su mejor nivel hasta finales de febrero. Era un proceso de adaptación, no un fracaso. Modrić lo respetó.
Seis años después, en 2018, ganó el Balón de Oro y rompió una década en la que solo lo habían ganado Messi y Cristiano Ronaldo. Al recibirlo, explicó que la clave estaba en el trabajo, la persistencia y creer en uno mismo. Ganó seis Champions con el Madrid. El jugador al que muchos consideraron un error en su primera temporada es hoy una leyenda del club.
Para pensar
¿Te estás tratando con el mismo respeto con el que tratarías a un compañero que estuviera pasando por lo mismo que tú?
Paciencia activa: qué hacer mientras llega tu momento
Si juntamos todo lo anterior, la paciencia deja de ser sentarse a esperar. Se parece más al río que sostiene el barco, al estoico que trabaja en lo que depende de él, al cargador que lleva el peso sin romperse y al jugador que se respeta mientras el proceso avanza. Así se puede practicar en el día a día:
Separa lo que depende de ti. Cada lunes, escribe en una columna lo que puedes controlar esa semana y en otra lo que no. Pon tu energía solo en la primera.
Entrena para el minuto que vendrá. Como Solskjær, convierte cada partido que ves desde fuera en una sesión de estudio: rivales, espacios, errores que podrías aprovechar.
Cambia la pregunta. En lugar de "¿cuándo voy a jugar?", prueba con "¿para qué me está sirviendo este momento?". La primera no tiene respuesta. La segunda casi siempre la tiene.
Vigila la voz de escasez. Cuando aparezca el "ahora o nunca", nómbrala: "esto es impaciencia". Solo con ponerle nombre pierde parte de su fuerza.
Mide tu semana por lo que haces, no por los minutos que te dan. Calidad de entrenamiento, descanso, actitud en el grupo. Eso es lo que estará disponible el día que te llamen.
En español tenemos una expresión que viene del Quijote y que resume todo esto: "paciencia y barajar". Se usa para animar a alguien a seguir intentándolo después de un fracaso. Perdiste la mano, vuelves a repartir las cartas, y sigues jugando.
Este período no define tu carrera. Lo que hagas con él, sí.
Última pregunta
Dentro de un año, cuando mires atrás a estas semanas, ¿qué te gustaría poder decir sobre cómo las viviste?
Fuentes
- Diccionario de la lengua española, RAE: paciencia y paciente
- Etymonline: patience
- Sobre Jamie Vardy, The FA y The Peninsula
- Sobre Solskjær, The National (Dwight Yorke), Scroll.in y Champions Journal
- Rabino Berel Wein: Patience
- Alan Morinis en Aish: Path of the Soul, Patience
- Savlanut y sabal, Chai Mitzvah y J. The Jewish News (rabina Amy Eilberg)
- Sobre Joselu, AP vía WPXI, El Heraldo y Noticias Caracol
- Sobre Modrić, Planet Football, ESPN y OneFootball vía Yahoo
